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El feliz secreto para trabajar mejor

Viernes, 6 de enero de 2017 Dejar un comentario Ir a comentarios

Cuando yo tenía 7 años y mi hermana solo 5, jugábamos en la cama superior de la litera. Entonces tenía dos años más que mi hermana. Bueno, ahora sigo siendo dos años mayor. En ese momento significaba que tenía que hacer lo que yo quisiera y yo quería jugar a la guerra. Estábamos en la cama de arriba. Y a un lado yo tenía todos mis soldados y mi armamento. Y al otro lado estaban todos los caballitos de mi hermana listos para una batalla de caballería.

Hay varias versiones de lo que sucedió esa tarde, pero ya que ella no está hoy aquí, voy a contarles la verdadera historia… que trata de que mi hermana era un poco torpe. De alguna manera, sin ninguna intervención de su hermano, de pronto Amy desapareció de la cama superior y aterrizó con en el suelo. Yo, muy nervioso, me asomé para ver lo que había caído: mi hermana. Y la vi que sobre sus manos y rodillas, en las cuatro, en el piso.

Me puse nervioso porque mis padres me habían encomendado que jugáramos lo más seguros y silenciosos posible. Recordaba cómo Amy se había roto el brazo por accidente solo una semana antes… …cuando heroicamente la había empujado para evitar una bala de un francotirador imaginario, por lo cual ni me dieron las gracias. Yo hice todo lo posible (ella ni siquiera la vio venir) Yo me esforzaba mucho en portarme bien.

Y en la cara de mi hermana vi un gemido de dolor y sufrimiento en su sorpresa, a punto de estallar y despertar a mis padres de su larga siesta. Entonces hice lo único que mi loca cabeza de 7 años pudo pensar temiendo una tragedia. Si Uds. tienen hijos, habrán visto esto cientos de veces. Le dije: “Amy, Amy, espera. No llores. ¿Viste como caíste? Ningún humano cae en las cuatro así. Amy, eso quiere decir que eres un unicornio”.

Era una trampa porque lo que ella más quería era, en lugar de ser Amy, la hermanita lesionada de 5 años, ser Amy, el unicornio especial. Esta opción le habría parecido imposible un momento antes. Si hubieran visto a mi pobre hermana manipulada ante el conflicto de prestar atención al sufrimiento, dolor y sorpresa que estaba padeciendo, o a contemplar su nueva identidad como unicornio. Y venció esto último. En lugar de llorar, o de suspender el juego, en lugar de despertar a mis padres, con todo lo que me habría caído encima, una sonrisa iluminó su cara y se arrastró ahí mismo a la litera con toda la gracia de un bebé unicornio… con una pierna fracturada.

Lo que nos encontramos a esta tierna edad de solo 5 y 7 -ni lo sabíamos entonces- fue algo que iba a estar al frente de una revolución científica 2 décadas después, sobre la manera en que vemos el cerebro humano. Lo que vimos es algo llamado psicología positiva, que es la razón por la que estoy hoy aquí y por la que me levanto cada mañana.

Cuando empecé a hablar de esta investigación fuera del mundo académico, en empresas y escuelas, lo primero que me dijeron es que nunca comenzara una charla con una gráfica. Y lo primero que haré será comenzar con una gráfica. Esta gráfica parece aburrida, pero es la razón por la que ilusionado me levanto por las mañanas. Pero no significa nada; son datos falsos. Lo que aquí se ve…

Me encantaría que estos datos vinieran de Uds., de esta audiencia, porque habría una clara tendencia de lo que sucede y eso querría decir que lo puedo publicar, que es lo único que importa. El punto extraviado, el rojo, significa que hay un tipo raro en el salón. Sé quién eres, ya te vi antes; pero no importa. Como todos saben, puedo simplemente borrar ese punto. Y puedo porque es claramente un error de medición. Y sé que es un error de medición porque está estropeando mis datos.

Una de las primeras cosas que enseñamos en los cursos de estadística, negocios y psicología, es cómo eliminar a los raros de manera estadísticamente válida. Y ¿cómo eliminamos a esos atípicos para encontrar la línea de mejor ajuste? Es fantástico si estoy tratando de encontrar cuántos Advil debe tomar una persona promedio: dos. Pero si estoy interesado en su potencial, o en la felicidad, o en la productividad, o en la energía, o en la creatividad, estamos creando un culto científico a los promedios.

Si preguntara “¿Qué tan rápido aprende un niño a leer?”, los científicos la cambiarían a: “¿Qué tan rápido el niño promedio aprende a leer?”, para luego ajustar la clase justo al promedio. Y si estás fuera del promedio de la curva, los psicólogos se emocionan porque eso quiere decir que o estás deprimido o tienes un problema, o, con suerte, ambas. Queremos que sean ambas porque nuestro modelo del negocio dice que si vienes a terapia con un problema, nos aseguremos que salgas con 10, para que sigas viniendo. Volveremos a tu niñez, si es necesario, pero lo que queremos es volverte normal. Pero normal es lo mismo que promedio.

Lo que propongo con la psicología positiva es que si estudiamos lo que es apenas promedio, nos quedaremos en lo escasamente promedio. Y en lugar de borrar esos atípicos positivos, lo que hago es venir a un grupo como este y preguntar: ¿por qué? ¿Por qué algunos de Uds. están tan encima de la curva en su habilidadad intelectual, atlética, musical, creativa, sus niveles de energía, su capacidad para asumir retos o su sentido del humor? Lo que sea, en lugar de borrarte, prefiero estudiarte. Porque quizás descubriremos la manera, no de mover a la gente hacia el promedio, sino de elevar los promedios de las empresas y de las escuelas de todo el mundo.

La importancia de esta gráfica es que cuando enciendo las noticias, parece que casi toda la información es negativa, no positiva. La mayoría es sobre crimen, corrupción, enfermedades, desastres. Y rápidamente mi cabeza empieza a pensar que esa es la proporción real de lo negativo en el mundo. Lo que sucede es que se crea el llamado síndrome del estudiante. Si Uds. conocen a alguien que estudie medicina, sabrán que en el primer año, cuando leen la lista de todos los síntomas y enfermedades que puede haber, de pronto se dan cuenta de que las tiene todas.

Tengo un cuñado llamado Bobo -eso es otro cuento-. Bobo se casó con Amy, el unicornio. Bobo me llamó por teléfono desde la escuela de medicina de Yale y me dijo: “Shawn, tengo lepra”. Lo cual, aun en Yale, es bastante raro. Yo no tenía ni idea de cómo consolarlo porque él acababa de salir de una semana de menopausia.

Estamos descubriendo que no es que la realidad nos transforme, sino que el lente con el que vemos el mundo transforma nuestra realidad. Y si cambiamos el lente, no solo cambia el grado de felicidad, sino también los resultados educativos y empresariales.

Cuando solicité admisión en Harvard, me arriesgué. No esperaba ser admitido y mi familia no podía pagarlo. Dos semanas después conseguí una beca militar y me admitieron. Algo que ni siquiera era una posibilidad, se hizo realidad. Ya estando allá, supuse que todos lo verían como un privilegio, que estarían muy emocionados. Aun en una clase llena de personas más listas que tú, eres feliz de estar ahí. Así me sentía. Pero descubrí que, aunque algunas personas así lo sienten, cuando me gradué, en 4 años, y los 8 que seguí viviendo en la residencia de estudiantes… Harvard me lo pidió. Yo no soy así. Como funcionario asesoraba a estudiantes esos 4 difíciles años. Y lo que descubrí, en mi investigación y en mis clases, es que esos estudiantes, aparte de la felicidad que sentían por haber entrado en la universidad, 2 semanas después pensaban no en la suerte de estar ahí ni en la Filosofía o la Física, sino en la competencia, en la carga académica, en las dificultades, la presión, las quejas.

Cuando entré, fui al comedor de los de primero, con mis amigos de Waco, Texas, donde yo crecí… Supongo que a algunos les suena. Cuando venían a visitarme, miraban alrededor y decían: “Este comedor parece salido de Hogwart, de la película de Harry Potter”, lo cual es cierto. Este es Hogwart de la película y este es Harvard. Veían esto y decían: “Shawn, ¿por qué pierdes el tiempo estudiando la felicidad en Harvard? En serio, ¿qué puede tener un estudiante de Harvard para sentirse infeliz?”.

Implícito en esta pregunta está la clave de la ciencia de la felicidad. Porque lo que se asume con esa pregunta es que por el mundo exterior se puede predecir tu felicidad, cuando en realidad, si conozco tu mundo exterior, puedo predecir el 10% de tu felicidad a largo plazo. El otro 90% proviene no del exterior, sino de la manera en que procesas lo externo. Y si cambiamos la fórmula de la felicidad y del éxito, cambiará la manera en que afectan la realidad. Encontramos que solo el 25% del éxito es predecible por el coeficiente de inteligencia. 75% del éxito se puede predecir por los niveles de optimismo, por el apoyo social y por percibir la presión como reto en vez de amenaza.

Hablé en un internado de New England, quizás el más prestigioso, y me decían: “Ya lo sabemos. Por eso cada año, además de las clases, tenemos una semana de bienestar. Es emocionante. El lunes traemos al principal experto del mundo que viene a hablar sobre la depresión en adolescentes. El martes es sobre violencia y acoso en la escuela. El miércoles es sobre problemas alimenticios. El jueves es cómo evitar las drogas. Y el viernes estamos entre sexo riesgoso y felicidad”. Anoté: “Como los viernes de todo el mundo…”. Me alegro de que les guste; a ellos no les gustó nada. Silencio total. En medio del silencio, dije: “Me encantaría hablar aquí, pero esa no es una semana de bienestar, sino de malestar. Han recorrido todo lo negativo que puede suceder, pero no han hablado de lo positivo”.

La ausencia de enfermedad no es salud. Para llegar a la salud tenemos que invertir la fórmula de la felicidad y del éxito. En los últimos tres años he viajado a 45 países, trabajando con escuelas y empresas en medio de la depresión económica. Vi que en la mayoría siguen esta fórmula: “Si trabajo más duro, tendré más éxito. Si tengo más éxito, seré más feliz”. Así solemos actuar como padres o administradores. Así motivamos el comportamiento.

Pero científicamente está mal, es regresivo, por 2 razones. Primero, cada vez que tienes un éxito, la meta cambia, la forma del éxito. Sacaste buenas notas, ahora debes obtener mejores, ingresaste a una buena escuela, luego hay que ir a una mejor, conseguiste un buen empleo, hay que obtener uno mejor, alcanzaste tu meta de ventas, vamos a cambiarla. Y si la felicidad viene después, nunca la vas a alcanzar. Lo que hemos hecho es empujar la felicidad más allá del horizonte cognitivo. Pensamos que hay que tener éxito y luego ser felices.

Pero el cerebro trabaja en sentido opuesto. Si hoy elevas el nivel de positivismo de alguien, entonces sentirá lo que llamamos una ventaja de felicidad, o sea que el cerebro en positivo funciona mucho mejor que cuando está negativo, neutro o estresado. Se eleva la inteligencia, la creatividad, los niveles de energía. Lo que descubrimos es que se mejoran todos los resultados económicos. El cerebro positivo es 31% más productivo que si está negativo, neutro o bajo presión. Trabajamos 37% mejor en ventas. Los doctores son 19% más rápidos, más precisos y más correctos en sus diagnósticos, si están positivos, que si están negativos, neutros o presionados. Lo cual indica que se puede invertir la fórmula. Si encontramos una manera de volvernos positivos en el presente lograremos aún mayores éxitos al poder trabajar más duro, más rápido y con más inteligencia.

Necesitamos aprender a invertir la fórmula para ver lo capaz que es el cerebro. La dopamina, que irriga el sistema cuando somos positivos, tiene dos funciones. No solo te hace sentir más feliz, sino que también activa los centros de aprendizaje permitiéndote adaptarte al mundo de manera diferente.

Hemos encontrado maneras de entrenar el cerebro para que se vuelva más positivo. En lapsos de solo 2 minutos, durante 21 días, podemos readaptar el cerebro, permitiendo así que funcione con más optimismo y mayor éxito. Hicimos esta investigación en las empresas con que he trabajado haciendo que escriban 3 motivos de gratitud durante 21 días seguidos, tres cosas nuevas cada día. Y al final sus cerebros empiezan a retener un patrón de buscar en el mundo no lo negativo, sino primero lo positivo.

Al anotar una experiencia positiva del día anterior le das fuerzas al cerebro. Aprendes a darle importancia al comportamiento. La meditación ayuda a superar el TDAH que hemos creado, al tratar de hacer muchas cosas a la vez, y ayuda a concentrarse en una sola tarea. Y finalmente, los actos aleatorios de bondad son actos conscientes. Hacemos que la gente, al abrir su buzón de correo, escriban un mensaje positivo elogiando o agradeciendo a alguien en la red social.

Y al hacer estas actividades, al entrenar el cerebro, igual que se entrena el cuerpo, notamos que se puede invertir la fórmula de la felicidad y el éxito, y al hacerlo, no solo se crean olas de positivismo, sino que se genera una verdadera revolución.

 

Muchas gracias.


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